Del laboratorio a la planta


En procesos líquidos y suspensiones, pequeñas variaciones generan grandes diferencias. Dos productos aparentemente idénticos pueden comportarse de forma opuesta cuando entran en una centrífuga o un sistema de separación.
Por eso, antes de hablar de equipos, en GEA analizamos parámetros críticos como la distribución de tamaño de partícula, la viscosidad, la floculación o la temperatura en condiciones reales de proceso. Este conocimiento temprano evita sobredimensionamientos, ajustes posteriores y pérdidas de rendimiento cuando el proceso ya está en planta.
Antes de elegir tecnología, entendemos cómo se comporta el producto de verdad.
La validación no termina en el laboratorio. Cuando cambian los volúmenes, las velocidades o las condiciones operativas, el comportamiento del proceso también cambia. El paso a piloto permite comprobar si la tecnología seleccionada responde de la misma forma cuando se acerca a un entorno industrial, evitando decisiones basadas únicamente en resultados a pequeña escala.
En esta fase, las pruebas dejan de ser exploratorias y se convierten en herramientas de decisión. Ensayos como el spin test permiten anticipar el comportamiento real de los sólidos y entender cómo evolucionará el proceso antes de definir una solución definitiva. A partir de estas pruebas es posible evaluar:
Estos ensayos se realizan en condiciones controladas pero representativas, generando datos técnicos que facilitan la transición al piloto sin saltos a ciegas. El resultado es un proceso de escalado más predecible, con criterios claros para seleccionar tecnología, dimensionar equipos y reducir riesgos antes de invertir.
No todos los riesgos aparecen en laboratorio. Algunos solo se manifiestan cuando el proceso entra en contacto con el entorno real de producción. Por eso, GEA ofrece la posibilidad de realizar pilotos in situ, directamente en las instalaciones del cliente. Este enfoque permite validar tecnologías bajo condiciones reales, con producto real y limitaciones reales, reduciendo la incertidumbre antes de definir una solución industrial definitiva.
Cuando el proceso pisa planta, cada variable cuenta. Validamos donde realmente importa.
Validar a tiempo no ralentiza los proyectos; evita que se bloqueen más adelante. Muchos problemas de escalado no aparecen en las primeras fases, sino cuando el proceso ya está definido y cualquier cambio implica más coste, más tiempo y menos margen de maniobra.
Introducir validaciones progresivas desde el inicio permite identificar límites reales del proceso, reducir iteraciones innecesarias y tomar decisiones técnicas con mayor seguridad. Además, ayuda a alinear a los equipos de I+D, ingeniería y producción en torno a datos compartidos, evitando discusiones basadas en hipótesis.
Cuando la validación forma parte del desarrollo, el escalado deja de ser un salto incierto y se convierte en un avance controlado y predecible.