La mejor manera de estabilizar la calidad y el completo sabor de la cerveza es mediante su pasteurización normal o instantánea.

Las cervezas mircobiológicamente inestables que se envasan y envían al cliente son verdaderas "bombas de relojería" para las fábricas. Las infecciones por trazas y la contaminación de microorganismos transmitidos desde el proceso de producción solo se detectan después de un considerable retraso. Este importante riesgo, sin embargo, se puede minimizar.